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El síndrome del teléfono que no suena

Ya sabes cómo es, suena el despertador, lo apagas e intentas seguir durmiendo, el proceso se repite tantas veces como alarmas hayas programado, hasta que en un momento sientes que ya ha sido suficiente, es tiempo de salir de la cama. Quién sabe cuántas ofertas de empleo esperen por ti en el periódico, o mejor aún, cuantas estarán en los portales laborales de Internet, aguardando por ti y por tu curriculum. Juntas fuerzas y te levantas, vas a lavarte la cara e incluso te das un baño para despertarte de una buena vez. Ya estás listo, estás preparado para hacer lo que haces todos los días desde que recibiste esa noticia fatídica que te dejó desempleado: empiezas a buscar. La compra del diario se ha transformado en algo obsoleto, por lo que prefieres optar por herramientas más novedosas como los portales de empleo, las redes sociales, Linkedin o incluso Facebook y Twitter, donde quizás alguno de tus contactos te alegre el día compartiendo una oferta de trabajo ideal para ti, o al menos, una oferta de trabajo en la que puedas participar y probar suerte. Ah, sí, olvidaba mencionarlo, con el paso del tiempo y la situación como está, has comenzado a creer en la suerte, piensas que hay quienes tienen de su lado la buena fortuna y por ello, reciben propuestas laborales, pero en el fondo ¿realmente lo crees? Y ahí estás tú, postulándote en cuanta oferta encuentras, incluso, en aquellas que te llevarían a trabajar en el extranjero, siempre has tenido un costado aventurero que te gustaría sacar a relucir, quizás trabajar en un lugar lejano a casa te ayudaría a mostrarlo. Con el paso de las horas, sientes que nuevamente nacen en ti esos síntomas que suelen agobiarte, molestia, impaciencia, ira, desilusión y finalmente resignación, el síndrome del teléfono que no suena ha atacado nuevamente, creíste que este día sería diferente, pero no fue así, en realidad, fue igual al de ayer y sientes que será igual  al de mañana. ¿Qué es lo que estás haciendo mal? ¿Qué es lo que puedes hacer para remediarlo? Estas preguntas te persiguen durante todo el día, hasta que llega el momento de volver a la cama y entonces sí, vuelves a pensar que no importa, mañana será otro día y quién sabe con qué te puedas encontrar.